¡No tienes razón!

Razonar es una mierda. Ya lo he soltado. Razonar es una mierda. Joder, le estoy cogiendo el gusto. El artículo de hoy va a ser provocador y, suponiendo que supere la más profunda indiferencia, preveo fuertes críticas. Pero es que tengo que decirlo: razonar-es-una-mierda.

Seguramente me diréis que el raciocinio es lo que distingue a los seres humanos del resto de animales; y ciertamente lo es, aunque probablemente un científico tendría matices que aportar. Pero vaya, que no viene al caso. La cuestión es que nos distingue positivamente de otros animales, pero también lo hace en negativo; porque, afrontémoslo, el problema es que no sabemos razonar.

Es decir, lo hacemos desde que nacemos, lo hacemos para sobrevivir, lo hacemos para obtener lo que queremos y para entender las cosas que suceden a nuestro alrededor. Lo hacemos para convencer a los demás. La cuestión es que lo hacemos de un modo resultadista: de “convencer” usamos más el “vencer” que el “con”. Ahora igual he dicho una idiotez, pero es igual, ya me entendéis. Que sólo razonamos para obtener algo, y el curso y la calidad del razonamiento nos da igual. Cometemos errores lógicos evidentes cada vez que abrimos la boca. Estoy pensando que probablemente en este texto haya un montón de ellos, pero qué sé yo, escribir es gratis y fácil hoy en día.

Disonancias cognitivas

Cuando razonamos, cuando intentamos ganar esa discusión que en el fondo nos importa un pimiento -la discusión, ganar sí que nos importa-, cuando tomamos decisiones, cuando intentamos hacer introspección, en todos esos momentos, nuestro cerebro quiere sentirse bien. Esto es así. Nuestro cerebro es muy cabrón y no le gusta sufrir. Quiere sentirse a gusto, quiere tener razón, como sea, aunque sea engañándose. Llegar a la conclusión de que lo que siempre hemos creído no es cierto, o que nuestra actitud no es coherente con nuestras ideas, es muy duro. Por eso muchas veces nos engañamos a nosotros mismos para no tener que aceptar la dura verdad, o cambiamos nuestras acciones para acomodarlas a nuestras creencias. Y eso afecta a nuestro razonamiento; no somos plenamente racionales, no seguimos plenamente las leyes de la lógica, caemos en… sí, en los sesgos cognitivos y el pensamiento falaz.

Los sesgos cognitivos

Como nuestro cerebro quiere sentirse bien, cómodo, en armonía, y como no tiene ni puñeteras ganas de analizar todos los datos a su alcance -porque joder, eso cansa- lo que hace es quedarse sólo con cierta parte de ellos. Algunos tipos:

  • El sesgo de confirmación: Vemos positivamente los datos que confirman nuestra creencia mientras que recibimos con desagrado o directamente ignoramos las que podrían ponerlo en duda.
  • Correlación ilusoria: Tenemos tendencia a encontrar causas-efecto donde no las hay, sin tener datos que lo apoyen: el Sol sale porque canta el gallo.
  • Ilusión de grupo: También tenemos tendencia a agrupar los hechos que en realidad son azarosos en rachas, de forma que creemos que si hace tiempo que no ha salido un seis en una tirada de dados las posibilidades de que salga son más altas.
  • Apofenía: Esta es por pura supervivencia, vemos patrones donde no necesariamente los hay. Oímos un ruido fuerte y nos encogemos, aunque no haya ningún dato real que indique que algo va a suceder.
  • Sesgo de observación selectiva: Ya sabes, cuando no te viene la regla no paras de ver embarazadas.
  • Sesgo de autojustificación: ¿Hace falta explicarlo?

Hay muchos más y no es mi intención hacer ahora un tratado de psicología pero… ¿veis como engaña la mente? De todas formas vamos a ser sinceros: muchas veces sabemos que estamos mintiendo. O lo intuímos…

El pensamiento falaz: AKA yo no pierdo esta discusión ni loco

¿Sabéis cuando alguien os da un argumento cuya lógica parece irrebatible pero tenéis un run run que os dice que hay gato encerrado? Es porque la lógica es irrebatible. El problema es que se basa en hipótesis que son falsas o parcialmente ciertas. Bienvenidos al mundo de las falacias, donde los hechos son maleables según nuestra conveniencia.

Aquí todo vale. ¿En serio este tío me está diciendo que no tengo razón? ¿Qué sabrá él, que estuvo en la cárcel y no es más que un delincuente? Además yo tengo un primo, que es científico, que me ha dicho que esto del cambio climático… de hecho, en mi ciudad hace el mismo calor que siempre, cómo dice que la temperatura mundial está subiendo… tonterías.

El párrafo anterior es un conjunto de despropósitos en forma de falacias -fin de la cita- que me ha hecho sufrir mucho mientras lo escribía. No porque me haya costado pensarlas… si no precisamente porque no. Vaya, que se me da bien. A todos se nos da bien. Y eso es un problema. Pero así es la vida. Algunos tipos de falacias que escucháis cada día:

  • Falacia ad hominem: cómo no puedo rebatir tus argumentos, te desprestigio en lo personal creando la falsa conclusión de que, al estar tú desprestigiado, no puedes tener razón. También tiene la versión contraria, basarse en el buen prestigio de alguien que opina igual para sustentar tu propia opinión. La adapatación de barrio es el “y tú más”.
  • Generalización apresurada: cojo el primer dato que encuentro e infiero que, en general, debe ocurrir de la misma manera.
  • Falacia del punto medio: tú dices que el cielo es azul, yo que es amarillo, pues debe ser verde. Esta es la falacia del consenso, cuando oigas aquello de vamos a buscar una solución de consenso empieza a temer: probablemente salga un Frankenstein infumable que no será, ni de lejos, la opción más racional.
  • Falacia de la verdad a medias: Esta la usan mucho los niños cuando nos cuentan a los adultos lo que ha ocurrido… ya sabéis, cuando os dicen es que no sé qué ha pasado que se ha caído y entonces la he pisado… ha sido un accidente… ya… ¿y tú qué estabas haciendo? Ups.
  • Falacia de la falsa vivencia: Esta consiste en explicar algo de una forma muy detallada e impactante de forma que, fruto de la impresión, nos convencemos de que hay un problema real. Jo tía, tienes que tener mucho cuidado con el pintalabios tía, yo tengo una amiga que se estaba pintando para el Jona y se tragó sin querer el pinta tía y se le quedó en la garganta y se ahogó y entonces vinieron los gatos y se la comieron tía. No veas.
  • Falacia de la pista falsa: Consiste en ensalzar algo al extremo para desviar la atención del tema principal. Este coche es buenísimo, una vez fui con él al lago y vi unos cisnes bellísimos y pasé la noche viendo las estrellas con mamá. Ahí te hicimos a ti…. Ya, ¿pero el coche anda o no?

Y podría seguir hablando de falacias, pero me da palo y mi cerebro dice que no debo escribir más para no aburriros… o algo así. En fin. Que ojito con lo que pensáis. Ojito con lo que piensan los demás. Porque si prestáis atención, detectaréis este tipo de disonancias y falacias en todas y cada una de las conversaciones de vuestra vida. Y ya nada volverá a ser como antes…